La historia

La monarquia francesa


A lo largo de la Edad Media, el territorio francés sufrió el proceso de desfragmentación política motivado por la aparición del feudalismo. Solo en el siglo XII, aún durante la dinastía Capetinia, el proceso de centralización política francesa fue iniciado por el rey Felipe II. Utilizando los conflictos contra los ingleses para el control del norte de Francia, este monarca pudo formar un gran ejército apoyado por los impuestos recaudados en todo el territorio nacional.

La formación de este ejército imponente y la victoria contra los ingleses permitieron la expansión del poder político real. A partir de entonces, el rey francés creó un cuerpo articulado de funcionarios que iban a imponer la autoridad real en oposición a los señores feudales. Al mismo tiempo, la burguesía comenzó a prestar grandes sumas para que el rey garantizara la libertad de las ciudades a través de una carta de franquicia, un documento otorgado por el propio monarca que liberó a los centros urbanos de los impuestos feudales.

Durante el gobierno del rey Luis IX, el poder real se expandió mediante la creación de instituciones legales subordinadas a las leyes nacionales y la economía comercial se fortaleció por la institución de una moneda nacional única. Más tarde, bajo Felipe IV el Hermoso, la autoridad monárquica ya era una realidad presente. En el año 1302, se creó la asamblea de los Estados Generales, integrada por el clero, la nobleza y los comerciantes, para reafirmar la acción política del rey.

A través de este cuerpo, el rey Felipe IV pudo imponer impuestos sobre la propiedad de la Iglesia. La acción del monarca francés fue inmediatamente reprendida por el Papa Bonifacio VIII, quien amenazó al rey de la excomunión. Con la muerte del Papa, Felipe IV interfirió con la elección del cardenal francés Clemente V como Papa y, además, obligó a la sede del Vaticano a trasladarse a la ciudad de Aviñón. En las décadas siguientes, este episodio marcó una disputa entre el estado francés y la Iglesia conocida como el "cautiverio de Aviñón" o "Cisma de Occidente".

En este punto, la supremacía de la autoridad monárquica francesa parecía no tener ningún tipo de obstáculo. Sin embargo, las disputas fiscales y territoriales con Inglaterra insertaron al estado francés en los conflictos prolongados y dolorosos que marcaron la Guerra de los Cien Años. A lo largo del siglo XIV, el gasto en guerra y agitación social de la Peste Negra y las revueltas campesinas sacudió la supremacía monárquica. Solo en el siglo siguiente, una serie de levantamientos populares logró interrumpir las victorias resultantes de los británicos en la guerra.

Fue en este contexto que surgió la figura mítica de Juana de Arco, una humilde hija de campesinos que dirigió varias luchas contra Inglaterra, alegando cumplir órdenes divinas. Estas victorias fortalecieron políticamente a Carlos VII, quien fue coronado rey de Francia y reorganizó la reacción militar contra los británicos. Aunque quemado en 1430, acusado de herejía, los actos heroicos de Joan sirvieron para devolver a los franceses a la lucha.

En el año 1453, el rey Carlos VII completó el proceso de expulsión de los británicos del territorio francés y comenzó a comandar con amplios poderes. Con el apoyo de la gran burguesía, centralizó el gobierno nacional, creó nuevos impuestos y financió el establecimiento de un ejército permanente. A partir de entonces, Francia se convirtió en el principal ejemplo del absolutismo real europeo.


Carlos VII y Felipe IV: personajes centrales del proceso de formación de la monarquía en Francia.

La monarquía francesa se consolidó definitivamente en los siglos XIV y XV durante la Guerra de los Cien Años contra Inglaterra. De hecho, este conflicto también fue importante para Inglaterra para consolidar su poder central.


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